Desmintiendo la “caja vacía”

 

Cuando estudié en la universidad, ya no recuerdo 20140619_204911en que asignatura, nos enseñaron el concepto de “tabula rasa”.

Con estas palabras explican el fenómeno de que los niños son como pizarras lisas (o sobre las que aún no se ha escrito) y en donde los adultos nos debemos aplicar en escribir y grabar lo que el niño necesita para llegar a estar completo. Nunca lo he podido olvidar.

La idea de, que desde era pequeña, otras personas han ido marcando en mí lo que ahora tengo dentro, me inquietaba un poco, sobretodo porque muchos de l@s adult@s que estaban a mi alrededor (sobretodo mis profesores) me caían mal y a más de un@ lo consideraba mala persona.

Y en el fondo tampoco habían conseguido su objetivo porque yo recuerdo muy poco de lo que supuestamente habían inscrito en mí. Nunca llegué a conocer con claridad las etapas de la historia de la humanidad, ni la tabla periódica de elementos, ni siquiera aprendí nunca, con soltura, la tabla de multiplicar.

En algún momento de mi vida decidí cuestionarme y tener mi propia opinión sobre lo que la vida me va mostrando, así que tengo por costumbre crearme mi propio criterio. Esta inquietud me llevó a seguir investigando y averiguando sobre si a los humanos nos hace falta que nos llenen o no.

Años más tarde, después de reflexiones, conversaciones, cursos y lecturas tengo una idea bien diferente de cómo somos las personas.

Desde mi punto de vista, y el de otras personas, lo que somos es una caja llena, llenísima de variados potenciales esperando que llegue el momento justo para dejarlos salir.

Así, cuando nacemos, dentro nuestro tenemos un reflejo de succión, que si no es muy molestado, se activa y nos permite alimentarnos, nadie nos lo puede enseñar, ni tan siquiera nuestra madre. Las personas que están a nuestro alrededor sólo pueden respetarlo y favorecerlo, permitiéndolo y amándonos para que nosotros podamos activar y desarrollar ese potencial que tenemos dentro.

Más tarde empezamos a darnos cuenta de que tenemos piernas y brazos y empezamos a moverlos hasta que poco a poco podemos movernos lo suficiente para rodar sobre nosotr@s mism@s (si no nos tienen todo el día sentad@s en una hamaquita o “maxicosi”). Nadie puede decirnos que músculo exacto debemos mover o como debemos jugar con nuestro equilibrio, esa necesidad de movimiento se activa sola, sin que nadie la motive. Ese potencial se activa y poco a poco nos llevará hasta el caminar autónomo, si no tenemos a alguien a nuestro lado que se dedique a forzar, manipular, motivar, estimular, dirigir y evaluar nuestra psicomotricidad en nombre de la enseñanza y en detrimento de nuestros propios logros. A veces, también sucede que, las personas a nuestro alrededor tienen creencias limitantes a cerca de nuestra capacidad para conseguir nuestras metas y nos las transmiten.

Y así, prácticamente, toda nuestra vida, a no ser, que nosotr@s mism@s decidamos dar un vuelco.

Y mi realidad es que no somos cajas vacías a las que haya que ir rellenando, sino cajas de sorpresas a las que hay que permitir que se abran cuando quieran y saquen lo que quieran, el tiempo que quieran.

Intentar llenar la caja, sólo va a conseguir tapar lo que está por salir, y en ese caso la persona tiene el trabajo previo de apartar lo que hay encima para sacar lo que lleva dentro.

Así nos encontramos los adultos, algunos totalmente taponados y otros intentando saber que hay dentro nuestro y, a veces, muertos de miedo por dejarlo salir.

Permitamos que aflore lo que llevamos dentro. También permitamos que aflore lo que llevan dentro l@s demás, es fácil, sólo hay que dejar de intentar meterles dentro lo que nosotros creemos oportuno y permitir que salga lo que hay en su interior, sólo acompañando, estando, respetando, guardando silencio, permitiremos que crezcan personas más libres, conectadas consigo mismas, capaces de respetarse y de respetar a los demás. Poco a poco constataremos como a nosotr@s también nos sirve para nuestro crecimiento interior.

Por eso es tan importante observar las creencias que tenemos y emitimos, verbal y no-verbalmente ante l@s pequeñ@s, para que estas sean empoderadoras, es decir, dejen libre la tapa de la caja, y permitan que salgan todas la maravillas que hay dentro de cada Ser.